Repensando el feminismo lésbico

NT: El presente texto es una traducción de un articulo de Alyson Escalante, también autora de Nihilismo de genero: un antimanifiesto y su posterior autocrítica Beyond Negativity: What Comes After Gender Nihilism?, que también traduciré a medio plazo.

El feminismo trans y el feminismo lésbico a menudo son entendidos uno en oposición del otro, pero hay importantes lecciones que pueden enseñar uno al otro si están dispuestos a entablar un dialogo.

La historia empieza así: el feminismo lésbico esta perdiendo relevancia desde hace década. Ideas como la heterosexualidad obligatoria, el lesbianismo politico y el lesbianismo como un acercamiento revolucionario al feminismo son ahora todos conocidos con hostilidad substancial.

Las feministas más jóvenes están preocupadas por la identidad estrictamente definida y prefieren nociones más fluidas de queerismo sobre etiquetas más estáticas como el lesbianismo. El transfeminismo por supuesto ha tenido una difícil relación con el feminismo lesbico, y para que las feminista incluyan a las mujeres trans nosotras debemos luchar contra las anticuadas ideas del feminismo lesbico.

Una rápida inmersión en las turbias aguas de la escritura de pensamiento feminista revelará que muchos escritores más jóvenes que piensan en la sexualidad y el género desde una perspectiva feminista se suscriben a una narración como la que se bocetó anteriormente (los detalles cambian por supuesto). Se toma por hecho que el feminismo lésbico no es solo una cosa del pasado, que morirá en algún momento, sino que también es necesariamente contrario a los emergentes feminismos trans inclusivos. No creo, sin embargo, que esta sea una evaluación muy justa.

Obviamente, muchas feministas lesbianas han hecho poco para rechazar esta narrativa de una manera útil. Las feministas terf como Sheila Jeffrey articulan consistentemente sus argumentos como una defensa del feminismo lésbico, y gran parte de los discursos antitrans más populares dentro de los espacios feministas se enmarcan como defensores del lesbianismo de alguna amenaza trans; tanto impidiendo que los supuestos hombres entren, como evitando que las lesbianas butch sean engañadas para hacer la transición a hombre. Nada de esto ha ayudado a revertir la idea de que el Feminismo Trans y el Feminismo Lésbico podrían ser reconciliables, pero también podrían tener lecciones importantes para el otro que sean relevantes.

En este artículo, mi esperanza es mostrar que tanto el Feminismo Lésbico como el Feminismo Trans aportan a la vanguardia conocimientos cruciales sobre la vida de las mujeres, y que cada uno se fortalecería en sus diversos proyectos para la liberación de las mujeres si aprendieran del otro.

 Una breve defensa del feminismo lésbico

Antes de abordar las formas en que el Feminismo Lésbico y el Trans Feminismo pueden aprender unos de otros, quiero revertir la percepción de que el Feminismo Lésbico ya no es relevante para la teoría y la praxis feministas contemporáneas.

Para empezar: ¿qué es el feminismo lésbico? Utilizo feminismo lésbico como un término para referirme a un amplio y no totalmente coherente grupo de teóricas y teorías que están interesados en teorizar desde la perspectiva y la experiencia del lesbianismo, entendiendo el lesbianismo como una forma de resistencia al heteropatriarcado y la heterosexualidad como piedra angular de la dominación patriarcal. El feminismo lésbico incluye, por ejemplo, pensadores como Monique Wittig, Adrienne Rich y Sara Ahmed. Estos tres pensadores tienen teorías radicalmente diferentes, y varias incompatibles, sin embargo, todas cumplen estos tres criterios.

Entonces, ¿por qué importa (todavía) el Feminismo Lésbico? En resumen, porque la heterosexualidad sigue siendo central para la dominación patriarcal, y el lesbianismo aún ofrece ideas interesantes para la resistencia.

En Heterosexualidad Obligatoria y Existencia Lésbica, la feminista lesbiana Adrienne Rich sugiere que la Heterosexualidad Obligatoria es un “sesgo” que borra la existencia de las lesbianas, al insistir en que “las mujeres tienen una orientación sexual innata” hacia los hombres”. Adicionalmente, la Heterosexualidad Obligatoria es un sesgo que sugiere que la orientación sexual de las lesbianas hacia las mujeres está de hecho impulsada por la amargura hacia los hombres, y por lo tanto todavía se basa en una orientación innata hacia los hombres. Rich sugiere que este sesgo incluso se ha infiltrado en el pensamiento feminista, empujando a la existencia lésbica a al banquillo como algo tolerable pero no aceptado. Por tanto, Rich insiste en que “la teoría feminista ya no puede permitirse meramente expresar una tolerancia del ‘lesbianismo’ como un ‘estilo de vida alternativo’ o hacer una alusión token a las lesbianas. Una crítica feminista de la orientación heterosexual obligatoria para las mujeres está muy retrasada”

Rich sugiere que el patriarcado invierte la heterosexualidad para garantizar que las mujeres se vean subyugadas a través de las relaciones familiares y brinden solo cuidado emocional y material a los hijos y cónyuges. Además de la explotación doméstica, Rich recurre al trabajo de Catharine MacKinnon para explorar La función económica de la heterosexualidad obligatoria en la fuerza de trabajo. Ella explica que:

[MacKinnon] cita una gran cantidad de material que documenta el hecho de que las mujeres no solo están segregadas en trabajos de servicio mal pagados (como secretarias, empleadas domésticas, enfermeras, mecanógrafos, telefonistas, cuidado de niños, camareras) sino que “la sexualización de la mujer” es parte del trabajo. Central e intrínseco a las realidades económicas de las vidas de las mujeres es el requisito de que las mujeres sean “un atractivo sexual para los hombres, que tienden a tener el poder y la posición económica para hacer valer sus predilecciones”.

Por lo tanto, para Rich y Mackinnon, la disparidad económica que enfrentan las mujeres bajo el capitalismo no solo resulta en una paga desigual, sino que tiene un deseo masculino incorporado, y requiere que las mujeres se comercialicen a sí mismas para tener acceso al empleo.

Esta vision, en la relación entre el patriarcado y la opresión económica de las mujeres, es fundamental para el Feminismo Lésbico, y brinda importantes ideas. Con acusaciones cada vez mayores contra los actores masculinos y otros profesionales masculinos de hostigamiento sexual sostenido de quienes trabajan para ellos y alrededor de ellos, necesitamos una teoría que pueda explicar cómo los entornos laborales fomentan este tipo de acoso. La formulación de Rich nos permite comprender cómo los hombres en posiciones de poder, especialmente el poder de contratación, imponen la disponibilidad sexual como un requisito previo para ingresar al lugar de trabajo. Como tal, la opresión económica de las mujeres en el lugar de trabajo basada en las diferencias salariales y la segregación laboral es inseparable de la dominación heterosexual.

Bajo esta formulación, la heterosexualidad no se concibe como una orientación sexual individual que algunas personas poseen, sino como un principio social estructurador y un destino impuesto que las mujeres no tienen otra más que ajustarse. Al comprender estructuralmente la heterosexualidad, podemos desenterrar la forma en que el deseo masculino y el marketing femenino a este deseo no es constitutivo de acciones individuales y elecciones, sino de incentivos estructurales y económicos que mantienen la dominación masculina de las mujeres. Tales enfoques no individualizados y estructurales son cruciales para rechazar los modelos neoliberales de elección y el feminismo empoderamiento, que abandonan la liberación colectiva de las mujeres en favor del empoderamiento personal a través del consumo de medios y productos capitalistas “feministas”. Estas ideas siguen siendo pertinentes.

Monique Wittig usa la heterosexualidad para comprender la opresión de las mujeres, refiriéndose a la sociedad patriarcal como Sociedad Heterosexual. Para Wittig, la dominación de los hombres se mantiene mediante nociones de diferencia sexual que insisten en que los hombres y las mujeres son innatamente diferentes de manera complementaria, e insisten en que el lugar adecuado para ambos es una relación heterosexual entre ellos. Ser mujer, para Wittig, es ser un sujeto heterosexual sexualmente disponible y destinado a la subordinación con los hombres.

Debido a esto, Wittig sugiere que “las lesbianas no son mujeres”. ¿Qué quiere decir Wittig con este atrevido reclamo? Básicamente, porque ser mujer significa ser heterosexual, rechazar la heterosexualidad es no ser mujer. Para Wittig, este fracaso revela las formas en que el lesbianismo existe como una forma de resistencia, no solo a la supremacía masculina, sino a la idea de hombres y mujeres como géneros distintos. El lesbianismo se convierte en una alternativa de resistencia que puede permitirnos presionar por la abolición del género, al permitir que las mujeres se organicen fuera del modelo heterosexual de la mujer.

La formulación de Wittig es importante porque nos da un marco para entender cómo se promulga la violencia heterosexual. En El pensamiento heterosexual, Wittig analiza las formas en que la autoridad de los expertos psicoanalíticos (y en gran parte hombres) se utiliza para hablar y redefinir lo que significa la existencia lésbica, y para pintarlo como un defecto o una forma de amargura hacia los hombres. Dichos expertos intentan heterosexualizar la resistencia de las mujeres a través de una “censura” de los propias relatos de sus experiencias. Esta visión sigue siendo fundamental hoy en día ya que nos permite comprender las formas heterosexualidad todavía se impone hoy en día. Los medios de comunicación aún retratan una vida feliz para la princesa que encuentra a su príncipe entre las jóvenes de todo el mundo, y el éxito de las mujeres todavía se pinta en términos heterosexuales. Incluso se espera que las mujeres trabajadoras aun entren en uniones heterosexuales, y Wittig nos permite entender que estas expectativas, estos destinos impuestos, son una parte central de la dominación patriarcal.

Cuando analizamos algunas de las afirmaciones centrales del feminismo lésbico, queda claro que el feminismo lésbico sigue siendo relevante hoy en día, porque la heterosexualidad sigue siendo una piedra angular de la opresión de las mujeres. Estas ideas no están desactualizadas; de hecho, han pasado más de una década de abandono y pueden proporcionar ideas importantes y olvidadas que pueden informar la teoría y la práctica feminista en la actualidad.

 Heterosexualizacion de las mujeres trans

Entonces, ahora que he demostrado las formas en que el feminismo lésbico aún ofrece importantes ideas para el feminismo, quiero mostrar que no necesariamente tiene que ser antagónico con el transfeminismo, y que las mujeres trans deben usar las ideas del feminismo lésbico para entender nuestras propias experiencias y resistir nuestra opresión a manos de los hombres.

Las mujeres trans han tenido una relación particularmente complicada con la psicología y la medicina. Desde el comienzo de la teoría trans occidental contemporánea, lo que significa ser trans ha sido definido por hombres psicólogos, cirujanos, médicos y sexólogos. Las mujeres trans experimentan continuamente la censura de sus propias experiencias, a través de los discursos de estos expertos hombres, que afirman comprender la verdad de esas experiencias.

En América, el Dr. Harry Benjamin fue particularmente importante para la medicina trans. El Dr. Benjamin no solo revolucionó las intervenciones quirúrgicas para mujeres trans, sino que también teorizó exactamente qué significaba ser trans. Como era popular en ese momento, el Dr. Benjamin presentó una tipología para clasificar los diferentes tipos de mujeres trans que un médico podría encontrar.

Tipologia de Benjamin
Tipologia de Benjamin

Como puedes ver en la tabla anterior, Benjamin creo una escala que se extiende desde el tipo uno “travesti” (crossdresing fetichista ocasional) hasta el tipo seis “verdadero transexual”. Una mirada rápida al gráfico anterior revelará algo interesante: para que una pueda calificar completamnte como transexual, como una verdadera transexual, una tiene que ser sexualmente atraída por los hombres. A las transexuales se les permite ser bisexuales en esta tipología, pero las verdaderas transexuales deben ser asexuales o completamente atraídas por los hombres. Para el Dr. Benjamin, la mujer trans ideal es una mujer trans completamente heterosexual. Una mujer trans lesbiana bajo esta teoría sería una simple travesti o fetichista.

Para los pacientes del Dr. Benjamin, donde se situan dentro de este esquema podría ser un factor crucial en el acceso a la asistencia sanitaria trans. Bajo la teoría del Dr. Benjamin solo los transexuales verdaderos se consideran transexuales quirúrgicos. Como tal, muchas mujeres trans han informado de que mentían para tener acceso a la cirugía, insistiendo en que son exclusivamente heterosexuales, a pesar de ser lesbianas.

Si bien las teorías del Dr. Benjamin no son universalmente aceptadas, los teóricos más recientes las han reformulado. Ray Blanchard y J Michael Bailey, por ejemplo, desarrollaron la teoría de la autoginefilia (amor a sí misma como mujer) que insiste en que las verdaderas mujeres transexuales son las que se sienten atraídas por los hombres, mientras que las que informan sentirse atraídas por otras mujeres son fetichistas que se sienten sexualmente atraídos por la idea de sí mismos como mujer. Bajo este marco, ser lesbiana trans es imposible. Las lesbianas trans solo informan que se sienten atraídas por las mujeres, dice Blanchard, porque han malinterpretado su propia atracción autoerótica hacia ellas mismas.

Bajo estos dos marcos, es imposible ser una mujer trans y lesbiana. Los hombres expertos insisten en que saben mas que las mujeres lesbianas trans, y que en realidad, el lesbianismo de las mujeres trans está realmente orientado a los hombres, y no a la orientación sexual hacia otras mujeres.

Dada esta situación, me parece evidentemente obvio que las ideas del feminismo lésbico pueden ayudar al transfeminismo a explicar por qué surgen este tipo de discursos médicos. Las teorías de Benjamin y Blanchard son exactamente el tipo de censura que critica Wittig. Buscan heterosexualizar a las mujeres trans haciendo imposible la idea de una lesbiana trans (o una renuncia al derecho al acceso médico), o hacer que el lesbianismo sea realmente sobre los hombres. Como tal, estos fenómenos también se explican mejor por la teoría de la heterosexualidad obligatoria de Rich, que hace imposible la posibilidad de amor sexual mutuo entre las mujeres, al insistir en que las mujeres (incluidas las mujeres trans) tienen una orientación sexual innata hacia los hombres.

Para muchas mujeres trans que aman a otras mujeres, el feminismo lésbico puede explicar la censura y la opresión basadas en la experiencia del lesbianismo trans. Para hacer retroceder el control (gatekeeping) y la negación de la atención médica, las mujeres trans deben incorporar la crítica del feminismo lésbico.

Militancia trans y feminismo lésbico:

Okay. Hemos demostrado por qué el feminismo lésbico sigue siendo relevante hoy, hemos demostrado por qué el feminismo lésbico puede enseñar al feminismo trans. Lo último que queda por demostrar es como el feminismo trans puede enseñar al feminismo lésbico. Para mostrar esto, utilizare el excepcional ensayo de Sara Ahmed Living a Lesbian Life.

En este ensayo, Ahmed intenta dar un análisis fenomenológico de cómo se experimenta exactamente la vida lésbica y hace una llamada para un feminismo lésbico revitalizado y reorientado. Ahmed pide un feminismo lésbico militante que tome en serio el feminismo como un medio para cambiar el mundo. Para Ahmed, las propias experiencias de las mujeres trans nos permiten comprender cómo sería esa militancia.

Ahmed explica que “quienes tienen que insistir en ser mujeres son mujeres obstinadas”. Las mujeres trans deben insistir consistentemente en que son mujeres a pesar de los ataques constantes dentro del feminismo, de la derecha y dentro de sus propias comunidades. Las mujeres trans entienden la insistencia y la organización militante porque ambas cosas han sido necesarias para la supervivencia de las mujeres trans. Ahmed condena a las feministas que no se solidarizan con las mujeres trans. Ella explica que actúan como “barras enderezadoras” que recentran las normas heterosexuales e impiden una vida lésbica.

Ahmed no solo entiende que el transfeminismo es capaz de proporcionar una guía y una perspectiva sobre la militancia al feminismo lésbico, sino que también debe existir en solidaridad con el feminismo lésbico. Ahmed escribe:

Cuando pido una reactivación de la militancia de la figura de la feminista lesbiana, estoy imaginando el feminismo lésbico como una alianza fundamental y necesaria con el transfeminismo. El transfeminismo también ha devuelto la vida al feminismo. Y puedo añadir aquí que una postura anti trans es una postura antifeminista; esta contra el proyecto feminista de crear mundos para apoyar a aquellos para quienes el fatalismo de género (los niños serán niños, las niñas serán niñas) es fatal; una sentencia a muerte. Tenemos que escuchar ese fatalismo como castigo e instrucción: es la historia de la vara, de cómo los que tienen voluntades rebeldes (niños que no serán niños, niñas que no serán niñas) son golpeados. No seremos derrotados. Necesitamos ahogar estas voces antitrans para elevar el sonido propio. Nuestras voces necesitan convertirse en nuestras armas; levantarse; alzarse.

Debido a que Ahmed entiende los sentimientos anti-trans como una forma de enderezar, de heterosexualizar, de hacer retroceder a la vida lesbiana, el feminismo lésbico debe solidarizarse con la resistencia obstinada y militante de las mujeres trans.

Además, sugeriría que la capacidad de las mujeres trans de utilizar el feminismo lésbico para explicar la discriminación y la censura médica fortalece el feminismo lésbico y demuestra la utilidad de sus ideas, y amplía nuestra comprensión de cómo la heterosexualidad es central a la opresión de las mujeres, trans y cis.

Al final del día, está claro que el feminismo lésbico tiene mucho que ofrecer a la lucha feminista contemporánea, y que no es una forma de feminismo obsoleta o inherentemente opresiva. En realidad, el feminismo lésbico es necesario para comprender la experiencia trans del todo y para enriquecer nuestra comprensión de cómo todas las mujeres están oprimidas. Nos permite pensar en la resistencia contra el patriarcado no como mero empoderamiento o elección, sino como una oposición estructural y militante al patriarcado. Nos permite comprender cómo las mujeres que aman a otras mujeres funcionan como una forma de resistencia, y atestigua la posibilidad de otro mundo. Un mundo sin dominación masculina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s